Un respiro antes de la subida del IVA




A pocas horas de acabar el mes de agosto y ante la que nos espera a partir del primer día de septiembre con la subida del IVA, será cuestión de relajarse un poco. Por ejemplo, con estos dos cordericos que comían hace un año en un pasto junto a Betés, en el Sobremonte. No nos evitará el impacto impositivo, pero a lo mejor llegamos con otra cara. Espero.

Obras en Casa Coll



Fachada de Casa Coll el 30 de julio
  El inicio de las obras de reforma de la Casa Coll, en la calle de Zaragoza, ha devuelto a la actualida uno de los pocos edificios modernistas que se conservan en Huesca y la memoria de sus promotores. Para algunas personas ha sido un descubrimiento conocer su fachada, precedida ahora de una estructura metálica que la protegerá durante los trabajos. Miran y ven, por primera vez aunque lleve allí décadas, las palabras industrial, maquinaria y Coll que identifican este edificio en la parte superior de su fachada .
María José Calvo, en su libro sobre el urbanismo en Huesca entre 1833 y 1936, explica que el edificio inicial, reformado con el tiempo, es un proyecto del arquitecto Francisco Lamolla, firmado en 1913. Es "un proyecto enteramente modernista hoy desfigurado". Fue un encargo de la familia Coll, propietaria de una destacada empresa oscense en la época de la Restauración y la Segunda República. José María Azpíroz, en su libro "La voz del olvido" define la empresa de maquinaria agrícola de los hermanos Víctor y Sixto Coll como "quizás la más importante del sector en la provincia de Huesca". Sixto "sin duda, era uno de los republicanos oscenses de mayor prestigio y abolengo", añade Azpíroz.
Manuel Benito Oliver escribió que "la familia Coll había fundado un próspero negocio en la Calle Zaragoza, 13, los premios que ganaban en las diversas ferias nacionales y extranjeras, los daban para la Olla de los Pobres, un comedor social por desgracia muy concurrido en aquella época". Sixto Coll fue detenido por los sublevados en 1936 y, tras varias peripecias, fue desterrado a Carrión de los Condes. Benito Oliver apunta que, una vez fallecido, "su cuerpo volvió a Huesca, enterrado en lo que fuera Cementerio Civil junto a Fermín Galán. Alguien raspó su apellido en la tumba con una piedra para dar memoria".  También se guarda el recuerdo de esta familia conservando la fachada de su vivienda.

La tormenta de ayer

Nubes de tormenta sobre Huesca

La tormenta que ayer descargó sobre Huesca estuvo acompañada de abundante aparato eléctrico. Hubo más luz que sonido, con algunos momentos que parecían de intensa lluvia. Según informa hoy Diario del Altoaragón cayeron más de 27 litros de agua por metro cuadrado, aunque cerca de la ciudad, según datos de la estación de Arascués, no llegaron a los seis litros. Lo caído en Huesca parecía más, desde luego, al menos por lo aparatoso del episodio. 
Una tormenta como la de ayer siempre me lleva a recordar momentos parecidos de cuando era pequeño. Era algo impresionante. Nubes grises, casi negras, línea de luz rasgando el cielo, prolongados sonidos que se acercaban y alejaban en un proceso seguido con interés para saber cuándo acababa aquello. Una tormenta invita a estar en casa, tras la ventana, viendo lo que te viene encima. Solamente cuando eres adolescente te atreves a permanecer en la calle mojándote. Es un momento diferente de la vida.

Despedida de una jotera


La familia Sorrosal Vergara en la noche de la despedida (Foto Toño Pascual)
En las pasadas fiestas laurentinas se despidió de los escenarios Yolanda Vergara, destacada jotera de la Agrupación Folklórica Santa Cecilia. Su carrera en estos menesteres de la jota ha estado ligada durante bastante tiempo a su marido, Manolo Sorrosal, uno de los últimos de una estirpe que ha danzado el folklore aragonés con una calidad envidiable. Curiosamente, esta despedida no nos deja sin ningún Sorrosal Vergara en Santa Cecilia, porque sus tres hijos, Pablo, María y Carmen, siguen la estela de Manolo y Yolanda.
Viéndoles interpretar la jota he pasado momentos muy agradables por la forma que tenían de enfrentarse al reto del baile, aportando su disciplina, su constancia y calidad, así como el gusto por el trabajo bien realizado. Si ya llevamos varios años sin poder disfrutar de Manolo bailando la jota, ahora nos pasará lo mismo con Yolanda. Bueno, la cosa se atempera un poco si tenemos en cuenta que hay una segunda generación que continúa el camino.

La Plaza de Navarra

Plaza de Navarra durante la actuación de Danza Invisible

La Plaza de Navarra es este año escenario de actuaciones musicales que en fiestas pasadas iban a la zona de loas Peñas en el recinto ferial. Lo céntrico del lugar cobvertía este espacio urbano en una curiosa mezcla. Mientras la vendedora ambulante no reblaba en su intento de colocar a la gente su mercancía, pasaban grupos de gente joven, padres con hijos, jubilados con trayectoria... había un poco de todo. Los componentes de Danza Invisible, con 30 años a sus espaldas, eran una buena banda para unas buenas fiestas. Tras el calor del día, la noche invitaba a estar de fiesta.
En las barras, el vaso de cerveza, si se devolvía tras la consumición en lugar de tirarlo al suelo, suponía recuperar 50 céntimos del gasto hecho. En algunos casos, los más pequeños de las familias tenían allí una pequeña fuente extra de ingresos. Fue un buen rato.

Fiestas y reivindicación


Pancarta de la peña Añegria Laurentina
 Las fiestas de san Lorenzo siempre han sido reivindicativas. Cuando no se podía porque era una pequeña posibilidad de hacer algo prohibido el resto del año y cuando ha sido posible porque el altavoz es impresionante. En estos momentos se han unido las consecuencias de la crisis con las cuestiones más domésticas. La Peña Alegría Laurentina, en ese pulso que mantiene con el Ayuntamiento por el cierre del Jai Alai, recordaba que, desconociendo a quien lo había inaugurado, sí que se conocía a quien lo había cerrado.
La procesión del día 10 también tiene sus hitos reivindicativos, incluidos unos huevos estampados contra algunos munícipes hace ya tiempo. Ahora, la subida por las calle Las Cortes y la bajada por la de Santiago dejaron sus respectivos momentos para plantear necesidades al consistorio oscense. La primera de ellas, que dirige al Ayuntamiento, ha sido "rebautizada" como "Calle de los Recortes".




Cartel colocado en la calle de las Cortes, cuando llega a la Plaza de la Catedral


Las fiestas


Los danzantes en la la Plaza de San Lorenzo el 10 agosto 1962

Llegan las fiestas. Las tradiciones comparten protagonismo con las novedades. La gente sale a la calle. Suele olvidarse de sus problemas. Este año no sé si lo hará. Es difícil. Los oscenses de esta foto tampoco nadaban en la abundancia. Era el año 1962. Supongo que la ilusión por mejorar las cosas, tras años bien complicados, serviría de trampolín para buscar cotas mayores de bienestar.
Una vez alcanzadas años después, no entraba en nuestros planes perder esos niveles. Habrá que pedirle ayuda al santo, como tantas veces. El que crea, claro.

El aparcamiento


Las obras el 17 de julio

Las obras el 2 de agosto
























Como actualmente no abundan las obras de envergadura en Huesca, el seguimiento de las que se realizan en la plaza de San Antonio para un aparcamiento hacen interesante su seguimiento. Acabada la excavación, ahora se trabaja en la colocación del suelo de uno de los pisos. Impresionante.

La llegada de la televisión a Huesca

Titular de Nueva España el 13 febrero 1959

El 12 de febrero de 1959, los estudios de Radio Huesca fueron marco para la primera parte de una ceremonia inédita en la ciudad: ver la televisión. Hacía tres años que la emisora E.A.J. 22 tenía sus instalaciones en la última planta del Coso Alto, 55. Estaba recién instalado un nuevo equipo emisor de la marca Philips. Esta coyuntura propició que fueran los estudios de esta emisora los que albergaran las primera pruebas que posteriormente, tuvieron una segunda parte en el domicilio del técnico Francisco Arnal.
Vinieron a Huesca el subdirector general técnico de TVE, Joaquín Sánchez Cordovés, Juan Ohms, director del grupo de telecomunicaciones de Philips, y Luis Sánchez, de la casa Giesa, suministradora del material. La expedición se dirigió al Gobierno Civil, donde fueron recibidos por el titular de esta dependencia, José Riera Aísa. Tras una reunión, todos los presentes se dirigieron a los estudios de Radio Huesca. Allí había un televisor Philips de 17 pulgadas dispuesto para la prueba. La señal de prueba llegó desde el emisor de La Muela, en Zaragoza. El resultado, a juzgar por la crónica de la Nueva España, fue positivo.
Luego, por la noche, coindiciendo con la emisión convencional de Televisión Española, autoridades provinciales y locales se dieron cita en el domicilio de Francisco Arnal,  junto a trabajadores de la emisora. Todo esto me lo contó Isaac Constante, que fue responsable técnico de Radio Huesca durante varias décadas y que en esas fechas ya trabajaba en la emisora.
La noticia ocupó la primera página, con grandes titulares, del periódico local. Una de las primeras consecuencias del hecho fue que se pudo ver pocos días después, en los pocos aparatos que entonces había, el partido de fútbol Real Madrid-Barcelona. Luego vendría la boda entre Balduino y Fabiola, pero eso es otra historia.

La radio en la cocina


Radio Iberia, habitual en las cocinas hace unas décadas
 La visita a casa de unos amigos en su pueblo de origen sirvió, entre otras cosas, para recuperar la imagen de la radio en la cocina. Era su sitio de siempre, porque en esa habitación se hacía la vida familiar. Frente a la cocinilla económica, sobre un estante, mantiene su imagen pese a estar fuera de servicio. Tampoco falta el aparatito de abajo, que supongo tendría como misión estabilizar la corriente para asegurar un funcionamiento adecuado.
Como el aparato tiene sus años, entra las emisoras sintonizables figura la de Huesca. Está la primera de la izquierda, en la segunda fila. En la cocina, probablemente, volarían todavía los sonidos de "Ustedes son formidables", la "Saga de los porretas", "Cadú, el jabón de las mujeres bellas", "yo soy aquel negrito del África Tropical", "Matilde, Perico y Periquín"... y así hasta mil, según la edad de cada radioescucha, así con el nombre clásico de quien escucha -y no solamente oye- la radio. Otra cosa que me vino a la memoria fue cómo se decía por aquí esto de escuchar la radio: en esta tierra la radio "se siente", que es algo como más próximo y cariñoso que la mera audición. Me parece.