El tercer rail


Estación de Canfranc

El Pirineo Aragonés recogía en su ejemplar del 1 abril 1973 unas informaciones del Heraldo de Aragón sobre comunicaciones en el norte de la provincia. Hacía referencia a “colocar un tercer raíl del ancho francés, que debería llegar hasta Zaragoza, lo cual no supone variar el trazado ferroviario”. Un tercer carril en la vía actual, ¿le suena?
Se hablaba de la electrificación de la línea del ferrocarril de Canfranc hasta Zaragoza para continuar luego en dirección a Valencia. En materia de carreteras se aludía a “las conversaciones que un grupo financiero catalán está llevando a efecto para crear una autopista de peaje que enlace Zaragoza con Jaca”.  Una autopista de peajem ¡ojo!
La publicación jaquesa concluía destacando de esta “doble información que si llega a cobrar realidad ha de redundar en beneficio del Alto Aragón”.
Lo de la autopista y el grupo empresarial se diluyó según hemos comprobado con el paso del tiempo, pero una autovía está en fase de obras. Lo de la electrificación debe permanecer en algún cajón del ministerio. Y lo de la tercera vía, menos mal que no se hizo, porque en función de la experiencia que hay en el tramo Huesca-Tardienta la cosa no hubiera supuesto mucha mejora.

Estopiñán, en el Alto Aragón más oriental



Estopiñán desde el camino a Canelles
 

Estopiñán está el extremo meridional de la Ribagorza. Para llegar hasta aquí circulamos por la carretera N-230, de Lérida al Valle de Arán, en el tramo entre Alcampell y Benabarre, tomando el correspondiente desvío señalizado. En su entorno hay elementos interesantes ligados con la minería, el agua y la hidroelectricidad.
Estopiñán pasó de manos musulmanas a cristianas cuando Ramon Berenguer I, conde de Barcelona, conquistó la población en torno a 1058-1059. En este tiempo sitúa Manuel Iglesias Costa la construcción de la actual ermita del cementerio. Afirma que “es perfectamente coherente con la toma del castillo de Estopiñán,  mediados del siglo XI. Su construcción debió demorarse un poco, y su relación con los condes de Barcelona pueden explicar su fisonomía, que la aparta un poco del románico ribagorzano”.
El castillo es uno de los elementos destacados de la silueta de Estopiñán. Corona un alargado cerro. Sus dimensiones, según apunta Adolfo Castán, son 98 metros de largo y 18 metros de anchura media. Esta prolongada horizontalidad se veía compensada con sendas torres en los extremos, de las que se conserva el arranque. Afirma que “externamente transpira poderío y arrogancia”, pero el interior no conserva los elementos suficientes para imaginar cómo era. No obstante, describe un aljibe de buena sillería y cubierto con bóveda, fechándolo entre los siglos XI y XII.
Las calles de Estopiñán, a diferente altura acercándose al nivel más alto del castillo desde el más bajo de la iglesia, son cortadas por otras más estrechas y muy empinadas, enlazándolas. Una de estas cuestas, según gran cartel informativo, cubre el espacio que hace años se destinaba al frontón.
Podemos ver un amplio catálogo de arquitectura civil. Varios edificios lucen en sus portadas fechas del siglo XIX y, en su mayoría, adornos vegetales. Hay fechas más antiguas, como 1589 y 1619, algunos nombres y escudos. El Ayuntamiento conserva el escudo de España que imperó en la Restauración y que solamente recogía el Castillo y el León, obviando las cadenas de Navarra y las barras de la Corona de Aragón. Lleva la fecha 1894. En su momento, Joaquín Costa firmó con otras personas un flamígero escrito –muy propio de él- rechazando esta decisión, que ignoraba la Historia de España. Ahora es un elemento más de la historia propia de esta población.
Otro edificio destacado es su parroquial de San Salvador. Manuel Iglesias lo define como un edificio renacentista, construido entre los siglos XVI y XVII. Es de una nave, con ábside pentagonal y coronado el exterior con una galería de arquillos típica de la arquitectura aragonesa. La torre se levanta a los pies. Tiene un primer cuerpo de planta cuadrada y los dos restantes octogonales.
Desde Estopiñán dominamos un amplio espacio de su entorno. Las vistas son dilatadas y se disfruta del paisaje a bastantes kilómetros de distancia. No defrauda. Una conversación con las gentes del lugar completará una interesante visita.

Restauración de la ermita de Torm

Ábside y bóveda hundida de la ermita (mayo 2011)

La ermita de Torm es la iglesia de un desaparecido pueblo de ese nombre, cerca de Santorens. Su estado de deterioro hacía pensar en una pérdida irremediable. La cubierta del templo había empezado a desplomarse y eso no auguraba nada bueno. El interés de las gentes de Santorens por conservar esa parte de su patrimonio parece haber alcanzado el éxito. Ya hay un presupuesto para, al menos, consolidar lo que queda, evitar un  mayor deterioro y preparar una segunda fase para su recuperación completa. La noticia la divulgaba este verano la página web “meteosalvador”, que ofrece información de Santorens, aportando el presupuesto de las obras. Este es el enlace:




El Diario del Altoaragón publicó un reportaje sobre la ermita de Torm. Este es el enlace:



La cesta de la compra




La noche oscura de la crisis también planea sobre Huesca
 
La crisis tiene páginas que no aparecen en los medios de comunicación más populares. Esta mañana, la espera a la apertura del supermercado no era diferente a la de otros días. Un señora mayor con su carro de ruedas, una joven menuda, un señor de mediana edad muy saludador. Como sucede de un tiempo a esta parte, pese a la ordenanza de convivencia, una persona pedía limosna.
Pero había algunas diferencias. El señor saludador se apartaba del grupo con un paquete de tabaco en la mano. De su interior sacaba un cigarrillo que, en otros momentos, hubiera sido una colilla en el cenicero. Pero ahora volvía a los labios del fumador para las dos o tres caladas que escasamente podrían darse.
Al abrir la puerta del super la señora del carro no entraba . A qué esperaba. Luego he visto que comentaba algo con las personas que pasaban a su lado. De aspecto cuidado, solicitaba una ayuda económica para poder hacer la compra en ese establecimiento. Las pocas personas que estábamos allí algo le hemos dado, pero cuando he salido de comprar, la señora seguía en la puerta contando lo que había recogido. Supongo que para valorar si tenía suficiente para poder entrar. La realidad de muchos oscenses está lejos de la alegría consumista que parece vislumbrarse en otras zonas de la ciudad.

Desembarco en las redes sociales

El autónomo multiplica su actividad


Esto de las redes sociales no era algo que me atrajera demasiado. Pero como dice la gente que entiende de nuevas tecnologías de la comunicación, hay que mejorar la visibilidad en la red si se quiere estar en el mundillo. Pues nada, a inscribirse en una. Había recibido varias invitaciones para inscribirme y, finalmente, allí que fui.
Estresante. Rellenado los datos del perfil empezaban a aparecer las invitaciones que acababa de enviar... pero si hacía menos de un minuto. La gente, ¿está con el dedo preparado en el teclado y la mirada fija en la pantalla? ¿Qué hacen? Tanta rapidez de respuesta es excesiva. No se puede digerir. No sé qué haré, pero la primera impresión es bastante agobiante. No obstante, todo el mundo invitado va aceptando. Menos mal.
Todo sea por la visibilidad en la red. A fin de cuentas, el autónomo es como una navaja suiza, pero en versión humano-laboral. Veremos.

Broto, rodeado de modernidad


Broto desde el camino a Oto
 

Desde el camino de Oto, la imagen tradicional de Broto se ve modificada de un tiempo a esta parte al haber aparecido más construcciones e infraestructras. Los nuevos bloques y el paso peatonal sobre el río actualizan la imagen de una población ligada al turismo desde hace varias décadas, cuando en otros lugares era solamente una intención.

El futuro de las minas de Bielsa en 1901



Central eléctrica de las antiguas minas de Hospital de Parzán (valle de Bielsa)

El diario jacetano “El Pirineo Aragonés” publicaba en su edición del 10 marzo 1901 la siguiente noticia: “En las minas existentes en los términos de la villa de Bielsa, han comenzado loa trabajos que pueden llamarse de exploración, pues se trata tan solo de calcular las toneladas de mineral de hierro que encierran aquellas montañas. Estos trabajos, según parece, ofrecen excelentes resultados, y la casa Aznar y Compañía de Bilbao, se propone activarlos para emprender el negocio en debida forma; si los cálculos de esta sociedad no resultan fallidos, la villa de Bielsa será dentro de algunos años el mayor centro de producción de hierro de España”.
La principal fuente de recursos en el valle de Bielsa fue el mineral de hierro y su transformación durante mucho tiempo. Las referencias a la minería en el Pirineo se hunden en los tiempos más antiguos donde la leyenda se impone al hecho comprobado. Desde la Edad Media está documentada esta actividad, que se prolongará hasta el siglo pasado. El siglo XVI fue un momento de expansión, según relatan diversos autores: Severino Pallaruelo (Revista Sobrarbe nº 1) o Juan José Nieto (Revista Llull nº 19). Philippe Vivez, en los número 1 y 6 de la revista Treserols escribe de historia y de posibilidades turísticas para las antiguas zonas mineras.
El origen de la localidad de Parzán pudo estar en la minería, según relatan Bielza, Corral, Escolano, Laliena, Sesma y Utrilla en su libro “Estudio Histórico-Geográfico del valle de Bielsa (Huesca)” (1986). Incluyen un documento del rey Alfonso II de Aragón, fechado en 1191, por el que “otorgaba una carta de población a catorce mineros de Bielsa para iniciar la producción de plata”. Por la información del documento, estos autores entienden que se refería a las minas de Lienas y la repoblación de Parzán.
En uno de los artículos citados de Vivez se incluye un plano de cómo eran las instalaciones mineras de Hospital de Parzán en 1917. El mineral llegaba por un cable aéreo desde la mina Luisa. Se llevaba en carretas a la zona de lavado y, después, con el mismo sistema de transporte, hasta un nuevo cable aéreo en dirección a Francia.
En este complejo industrial estaban la casa del director, oficinas, almacenes, una central eléctrica, un transformador, casas, granjas, cuadras, hornos de cal, talleres y una serrería. Enfrente, al otro lado del camino a Francia, estaban la aduana y la cantina. Era todo lo necesario para una explotación minera limitada por la dura climatología de la zona. Estas instalaciones, cuyos restos se conservan parcialmente, están en torno a la cota 1440 metros sobre el nivel del mar.