Un poco de autoestima


El libro de la trufa en el stand
 







 

Stand de publicaciones gastronómicas

No he podido resistir la tentación. Esta mañana, Gema y Lourdes –responsables de Comunicación y Prensa en la Diputación de Huesca- me han comentado que el libro “Trufa. La Trufa de Huesca” lució en los estantes de la Feria de Frankfurt, celebrada en esa población alemana en octubre pasado. Se trata de una publicación que promovió la corporación provincial y desarrolló Gráficas Huesca, en la que aporté los textos. Aquí lucen las imágenes del stand de publicaciones gastronómicas y el detalle del libro oscense con otros textos españoles. Un poco de autoestima para acabar el año.












Confrontación


Huesca desde la carretera a Sangarrén

El oscense observó que sus sueños se repetían. Llevaba dos noches sin poder dormir pero no se dio cuenta hasta que recordó una imagen de las que tenía en mente. Era idéntica a otra de un sueño anterior.
Las archivaba en su cerebro con formato diapositiva y, al verlas juntas al trasluz, vio que coincidían. No solo eso. Cada vez que se repetían, el reloj de la habitación regresaba al horario de la primera secuencia. La noche no avanzaba. Probó a dormir con la mente en blanco. No podía. Volvían los sueños. Ahora se recreaban en esas repeticiones señalando con un cuadradito rojo cada novedad en la imagen.
Debe ser la medicación que estoy tomando, pensó el oscense. Leyó las instrucciones pero en ningún momento comentaban nada sobre esta situación. Todo se limitaba a posibles vómitos y diarreas si se producía una sobredosis. No era el caso.
Dio vueltas sobre la cama buscando huir de esta pesadilla que le perseguía pero no pudo. Repasó las diapositivas de sus últimos sueños para poder encontrar el origen del problema. En realidad era la misma imagen repetida hasta la saciedad con pequeñas modificaciones complementarias.
Había referencias a sus últimas lecturas, mezcladas de forma aleatoria y sin ningún tipo de estructura. Al menos observable en la diapositiva. Puesto que no podía dormir, el enfermó pensó que continuar el proceso de análisis, al menos, evitaba que el reloj fuera hacia atrás. Al no soñar, no se repetía la imagen, no se repetía la hora. El reloj avanzaba.
Tras un buen rato de dar vueltas a la imagen, empezó a definirse una línea que, entre sus distintos recorridos, componía una palabra: confrontación. Miró en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y una de sus acepciones hablaba de “cotejo de una cosa con otra”.
Los elementos de las imágenes que tenía en mente no hacían referencia a  comparaciones, contrastes y diferencias entre dos personas o cosas. Son los elementos que el oscense relacionaba con la acción de confrontar. Era un primer análisis. Por qué debo yo confrontar y el qué. Seguía sin entender nada. En estas, el oscense se durmió. Como esta vez no soñaba, el tiempo avanzó y al poco rato sonó la radio del despertador.
Mientras desayunaba, hojeó el periódico. Miró la fecha. Por un momento creyó que leía el del día anterior. No. Pero las fotografías eran casi iguales en los dos ejemplares. Empezó a observar que algunas de esas imágenes se correspondían con las que veía en su sueño. Es verdad. Eran elementos presentes en su vida cotidiana a lo largo de los últimos años, fueran producto de experiencias o lecturas. Los mismos. Mes tras mes, día tras días. El puzzle iba encajando poco a poco.
Puso la radio. Daban noticias. Huesca no avanza. Entonces comprendió: había que confrontar y empezar de nuevo o el sueño se repetiría eternamente. Nada más lejos de nuestra deseada realidad que la propia realidad que nos rodea. ¿Dónde dejé el cartel de la última manifestación en apoyo al desarrollo oscense? Volvemos a empezar.

Vino, franceses y yeso


Prensa de vino en un anuncio de El Diario de Huesca en 1886



El vino ha sido una importante producción en la economía oscense a lo largo de mucho tiempo. El destino, aparte del consumo en la zona, era la exportación al sur de Francia. Los caldos oscenses eran muy apreciados por su alta graduación para el “coupage” con vinos galos, logrando la graduación deseada por nuestros vecinos del norte. El negocio hizo que se estableciera en Huesca una buena nómina de comerciantes franceses de vinos.
La nómina de esta actividad económica alternaba apellidos oscenses y galos a finales del siglo XIX. Todos defendían la calidad del producto, rechazando acciones que modificaban sus condiciones, entre ellas el “enyesado”.  Consiste en agregar yeso en polvo a la uva o al vino, con el fin de hacerlo menos alterables o de avivar su color. Mejoran su aspecto y su conservación.
Así, el 5 de octubre de 1894 firmaban un anuncio, rechazando el vino enyesado. Figuraban Vaïle, Cassat, Lacoste, Bescós, Carlos, Lafon, Raoul Bert, Valin y Guarga.
Ese mismo año, según informaba El Diario de Huesca, en el mes de septiembre se avivó el movimiento de vino en la comarca oscense. Viajaron 23 vagones con 276 pipas a Zaragoza; 96 vagones a Pasajes, con 1.107 pipas; 1 vagón a Hendaya, con 14 pipas; otro a Cervere con 16 y otro a Jaca con 10. En total fueron más de 1.400 pipas las que salieron en septiembre. Se esperaba poco movimiento en octubre y la recuperación en noviembre según relataba el citado periódico en su edición del 3 de octubre de 1894.
La información sobre el vino era constante en la prensa oscense del XIX. En octubre, el día 23, se hablaba de la vendimia en diferentes partidos de la provincia. En el de Huesca  se esperaba una abundante cosecha “que podrán tener colocación en Francia pronto, si lo labradores no abusan del enyesado como suelen hacerlo en determinados pueblos”.
A finales del siglo XIX todavía no existía el ferrocarril internacional de Canfranc (se inauguró en 1928). Pero la carretera internacional no era ajena al movimiento del vino en dirección a Francia. En la edición del 8 de marzo de 1897, La Voz de la Provincia aludía a un periódico jaqués que informaba de que “continúan algunos arrieros llevando directamente a Francia, carros cargados con pipas de vino de la tierra, que pasan la frontera por el puerto de Canfranc y fijan el límite de su viaje en la populosa ciudad de Olorón”. Desde allí, el transporte se extendía por “Mauleón, Orthez, Navarrens, Revenac y Plana de Nay hasta las inmediaciones de Pau”. Lamentaba que fuera más el transporte porque había “un trozo de la carretera de la Fundería a Urdox que se ha desplomado”. Pedía a los cónsules de Zaragoza y Huesca que gestionaran su reparación. La presencia de un cónsul francés en Huesca confirmaba la importancia de la colonia gala y la actividad que generaban.

La muralla musulmana oscense


Sillares de la muralla musulmana oscense

Año 261 (874-875 en la contabilidad cristiana). Amrús mira desde un cerro cercano el estado de la vieja muralla de Waska. Construida por los romanos, el paso del tiempo ha sido inexorable. Es tal su deterioro que será preciso levantar una de nueva fábrica. Además, la ciudad ha desbordado el viejo perímetro. Como gobernador de la ciudad, ha recibido la orden de defender la ciudad con una fuerte protección.

Sube a su caballo y se dirige a la puerta norte de la ciudad. Es la más cercana a la Zuda. En su pequeño palacio le esperan dos afamados canteros, que han trabajado en otras murallas de la marca superior, y le van a plantear sus ideas. Se trata de amurallar todo el cerro, donde ya vivieron romanos y cristianos antes de llegar sus actuales regidores.

Desde el alminar de la mezquita sale la llamada a la oración. El encuentro con los canteros deberá esperar. El gobernador de esta plaza tiene que estar presente en esta ceremonia para tranquilizar a sus conciudadanos. Las últimas noticias sobre los movimientos de los cristianos del norte preocupan especialmente.

La llegada de los musulmanes a Waska, hace ya doscientos años, fue especialmente agitada. La ciudad sufrió bastante y cada generación ha ido recordando a la siguiente el dolor de la violencia. Por ello, se temen las consecuencias de una mayor relación con los cristianos del norte, con los que muchas familias están emparentando y con los que nunca faltan fricciones. Son gente ruda y dada a la dureza de la vida militar en parajes inhóspitos, como las montañas cercanas a Waska.

Amrús está más pendiente de sus obligaciones de gobierno que de las oraciones que surgen de la mezquita y se escuchan por todo el cerro donde está el centro administrativo. No obstante, Waska se extiende más allá de este espacio y es preciso tener previstas instalaciones protegidas por si llegan los cristianos con ánimo beligerante.

Han pasado mil años desde que Amrús recibiera el encargo de amurallar la musulmana Waska. Hace tiempo se cumplió  el noveno centenario de su toma por los cristianos. Ya nadie más ha ocupado la ciudad, que ha vivido marcada en su vida cotidiana por esta gran estructura. No obstante, no faltan los enemigos para esta construcción militar. La baja calidad de la piedra y el uso abusivo de sus sillares para otras construcciones o, simplemente, el derribo de un lienzo, la han dejado en la más mínima expresión. ¿Qué pensaría Amrús del encargo recibido si ahora paseara por el Trasmuro? Seguramente echaría de menos la inscripción que ordenó colocar en la puerta llamada Bab Lubun: “Esta es parte de la obra construida por Amrus ibn Umar amil del iman Muhammad, Dios le guarde por su fidelidad”.

La prensa oscense en 1886


Plaza de San Pedro

En 1886 había en Huesca seis publicaciones periódicas. Su distribución fuera de la ciudad puede dar idea de su divulgación y usar el derecho de timbre como referencia. Así, en septiembre de ese año El Diario de Huesca había satisfecho 60 pesetas. Le seguían por la cantidad abonada el Boletín Oficial y El Auxiliar del Púlpito, con 18 pesetas cada uno de ellos. La Crónica había abonado 15;  La Brújula, 12, y El Norte de Aragón, finalmente, 3 pesetas.
La prensa civil, como se puede observar, estaba dominada por el periódico de Manuel Camo, primero posibilista y luego liberal, según la carreta política de su fundador, posibilista primero y, después, liberal. Dejando a un lado el Boletín Oficial de la Provincia, y según lo apuntado por Gregorio Gota en su libro “Huesca. Apuntes para su historia” (1891 y facsímil en 2000), La Crónica, fundado por Mariano Castanera, era “independiente”. La Brújula, cuyo primer director fue Pascual Queral, era “fusionista”. Gota define al diario El Norte de Aragón como “conservador”. El Auxiliar del Púlpito, finalmente, era un semanario religioso fundado por el presbítero Juan Cañardo.