Nieve y hielo, antes y ahora


Pozo de Ordás

La nieve es protagonista de la actualidad. El problema principal es la repercusión negativa que tiene sobre las comunicaciones. Otro elemento que destacan algunos medios es su influencia en el deporte blanco, por los que lo practican y por los que trabajan en torno al esquí. La incidencia en los cultivos agrícolas siempre ha sido otro elemento relevante que, según se desarrollen los acontecimientos, será positivo o negativo.
En cambio, se han perdido labores que, hace poco más de cien años, influían en una actividad económia entonces importante: empozar nieve para tener hielo en el verano. El Diario de Huesca, en su edición del 7 de marzo de 1882, informaba de que “según noticias recibidas de diferentes pueblos enclavados en los Pirineos, en estos ha nevado copiosamente, después de haber llovido con mucha abundancia por espacio de tres días. En la vecina Sierra de Gratal hay gran número de operarios ocupados en la especial tarea de empozar nieve para el consumo del próximo estío”. Aquí había varios pozos de nieve o hielo construidos para esta tarea. Los de Las Calmas, Las Planas, Paco la Pinosa, Cuello Bail y Mata Menuda con Ordás sumarían no menos de quince pozos, dirigidos a atender, principalmente, las demandas de Huesca y su entorno. Pedro Ayuso los tiene catalogados en su libro “Pozos de nieve y hielo en el Alto Aragón” (2007). 

Gratal, 21 enero 2013
 

Loporzano

Loporzano

Cuando llegas a Loporzano desde Estrecho Quinto esta es la silueta que define el paraje: la horizontalidad de la sierra -ahora con el atractivo de la nieve sobre Guara- y la verticalidad de la torre de la parroquial. La visita a la población resulta atractiva por el catálogo de arquitectura civil que presenta, con escudos nobiliarios en sus fachadas y la imaginación volando para pensar cómo sería en sus buenos tiempos la actual ruina de Casa Boticario. Por ejemplo. Lo completamos con una visita a la panadería, una conversación agradable y la memoria de los Banzo que aquí han vivido. Los recuerdos de mi madre -aunque saliera de aquí casi una niña- a base de repetirlos y aceptarlos, parecen propios.

El aparcamiento de la plaza San Antonio

Obras en el aparcamiento de Huesca. 15 enero 2013

Parece ser que las obras del parking de la plaza de San Antonio en Huesca van a buen ritmo. Es un elemento importante a la hora de peatonalizar el centro y ofrecer alternativas de aparcamiento. Luego será cuestión de usarlo. Los oscenses somos dados a evadir este tipo de emplazamientos para nuestros coches. Los preferimos siempre  a nuestro lado, aunque sea para recorrer unas pocas manzanas.
Hay otra obra muy interesante para quitar circulación del centro, pero de difícil ejecución por sus características técnicas y su elevado presupuesto. Es el enlace de las calles Teruel y Juan XXIII, eliminando la barrera de la estación del ferrocarril. Esta mejora la inauguraremos cuando circulen trenes por el túnel de Canfranc. Por lo menos.

Una visita soñada al Monasterio de Santa María de Casbas






Claustro del monasterio desde el piso superior


“Ya se ha dispertado Guara, ya se ve a medio vestir previniendo tocas largas por la muerte del abril”. Ana Francisca Abarca de Bolea tal vez escribió su poema a Guara, como podía hacer cada mañana, tras otear el horizonte desde una de las ventanas del monasterio cisterciense femenino de Santa María de Casbas de Huesca. Poco podía pensar que, tres siglos después, por esos pasillos, celdas y dependencias sólo circularían el silencio y el recuerdo. Huérfanos de una comunidad religiosa y paralizado un proyecto restaurador, sus muros son mudos testigos de lo que fue durante tantos siglos
Su construcción fue autorizada el 5 de marzo de 1173 a su promotora, Aurea, condesa de Pallars, por el obispo de Huesca, Esteban de San Martín. Desde entonces y hasta la Desamortización marcó la vida espiritual y material de su entorno.
Su austera fachada, a modo de fortaleza, abre paso al patio desde donde se accede a la iglesia, quedando frente a ella el complejo de la fuente, abrevadero y lavadero. “Que eres en todo sabrosa no ay quien lo pueda dudar, que fuente en huerta de monjas quién duda que tendrá sal”. Ana Francisca deja la pluma sobre la mesa y mira por la ventana de su celda.
La construcción primitiva del monasterio de Nuestra Señora de la Gloria de Casbas de Huesca se engloba dentro del arte cisterciense, orden a la que pertenecían las monjas de este cenobio. Junto a elementos románicos se encuentran características góticas. Entre los primeros, destaca la portada de la iglesia. Hay arquivoltas de medio punto con seis haces de columnas, en grupos de tres, con fustes ya desaparecidos.
Los capiteles tienen, en cambio, esbeltez gótica. La arquería vuelve a ser románica, con gran trabajo en detalle, recordando otros de origen borgoñón. Completan la decoración, la imposta, muy sencilla, y el tímpano, un crismón con corderito enmarcado por una moldura circular.

Portada de la iglesia