Una imagen para compartir


San Juan de Toledo de Lanata

A la izquierda se ve la torre de la iglesia románica de San Juan de Toledo de Lanata, al pie de la Sierra Ferrera y la Peña Montañesa, en Sobrarbe y junto a la carretera que va de Aínsa a Campo. El resto del paisaje, los árboles, el prado, los corderos pastando, el sonido de los pájaros... relajaban como pocas cosas lo pueden hacer. Una imagen inolvidable y para compartir. Me parece.

Junio, tiempo de la trashumancia en dirección al Pirineo



El rebaño a su paso por la calle Dola Sancha

Esta mañana, en torno a las ocho menos cuarto de la mañana, ha pasado por la calle doña Sancha un abigarrado rebaño ovino. Esta calle forma parte de una cabañera que une la tierra llanas y las sierras exteriores del Pirineo. Corderos y ovejas marchaban a buen paso camino de la montaña para pasar allí el verano con unos pastos y unas temperaturas mejores que los existentes por estas latitudes más meridionales. Esta práctica ganadera obtuvo en 2011 el reconocimiento como Bien de Interés Cultural Inmaterial

Una curiosa observación en la compra


Huesca, al pie de las sierras exteriores del Prepirineo


Había que comprar el segundo plato de la comida, así que acudí al supermercado a primera hora para no olvidarme luego. El caso es que la puerta no estaba todavía abierta. Lo hizo un par de minutos después. Mientras, era obligado mirar al resto de personas que estaban esperando. Fue curioso. Había una señora de mediana edad y seis varones de edad variada. También estaba en la puerta el habitual menesteroso saludando y pidiendo comida.
En el grupo en cuestión no sé si habría personas en paro que aportaban la compra en el reparto familiar de las tareas domésticas o quien acudía a primera hora para pasar desapercibido… o que tenía la mañana organizada y tocaba a primera hora la compra. La sonrisa de la señora al ver el acompañamiento que tenía al acceder al supermercado fue también algo curioso. Luego no hubo diferencias en la gestión. Casi llegamos al mismo tiempo a la caja. Eran compras menores.

Una tormenta anunciada


Nubarrón desde la salida de la Autovía a Laluenga y Lascellas

Esta foto tiene un tiempo. Está tomada en la autovía a Lérida, en la salida de Laluenga y Lascellas, cuando faltaba el tramo que salvaba el Alcanadre. Volvía a Huesca y la imagen era espectacular. Buscando otra foto la he encontrado ahora, le he añadido un poco de tratamiemto en el ordenador y este es el resultado. La verdad es que no me quedé a ver si descargaba la tormenta que parecía anunciar y volví enseguida a la carretera para llegar pronto a casa. Por si acaso.

Un paseo virtual por Bolturina

La parroquial de Bolturina, a la izquierda bajos las rocas y Secastilla, al fomdo, a la derecha

La iglesia parroquial es el único resto que permanece en pie, aunque en avanzado estado de deterioro, de lo que fue la población de Bolturina. Está situada en las sierras exteriores del Prepirineo, entre El Grado y Secastila. El silencio que rodea el templo y su entorno no evita la presencia de la memoria de los que allí vivieron o los que pasearon entre sus calles antes de que llegara la ruina.

¿Cuándo comenzó este proceso? José Manuel Pesqué escribió en su libro “Secastilla. Recuerdos y vivencias” (2009), que Bolturina “se fue abandonando paulatinamente después de la compra del pueblo y sus tierras que fueron realizando distintas empresas inmobiliarias durante y después de la construcción del santuario de Torreciudad, que se abrió al culto en el año 1975”.
La parroquial permanece en pie a duras penas como último recuerdo de Bolturina




El infatigable viajero por tierras altoaragonesas, José Cardús Llanas, estuvo en Bolturina y dejó datos de su aspecto en dos artículos de su serie “Turismo altoaragonés”, que publicaba los domingos en Heraldo de Aragón. El primero de ellos en el ejemplar del 21 de diciembre de 1980, bajo el título “Camino de Bolturina” y el segundo una semana después, el 28 de diciembre, titulándolo en este caso “Bolturina, pueblo recientemente abandonado”.
Cardús explicaba que el acceso al pueblo permitía llegar con el coche hasta la plaza de la iglesia. Una vez en este punto este médico viajero se dispuso “a recorrer el caserío constituido por la única calle, formando ángulo recto. Uno de los brazos es horizontal, paralelo a la falda sur de la montaña”. 
 

Una mañana de primavera en Berganuy



Berganuy es una población del municipio de Arén, en la Ribagorza. Su caserío es breve, pero el paraje tiene muchos elementos de interés como para dar un tranquilo paseo sin prisa. Aqui, la abeja se afana en obtener lo mejor de la flor para llevar al panal.



La mariposa trabaja, como la abeja, para obtener lo mejor de la flor que, con esta primavera, luce como pocas veces. Mientras, los pájaros cantan entre los árboles, saltamdo de un lado para otro, contagiando a todo el mundo del sonido, el sabor, color y olor de la primavera.

El 4 de junio en Montearagón

 
Castillo de Montearagón

Guillermo es un monje delgado, de aspecto huraño. Embutido en su túnica y tapado el rostro por la capucha, su imagen casi asusta. No obstante, es un personaje popular entre los pobres de Huesca y su entorno. Como cada cuatro de junio, un grupo de menesterosos espera en la puerta del monasterio de Montearagón. Ya hace años que el rey Pedro I estableció que, cada año y ese día, varios pobres comerían a costa del cenobio, para recordar la muerte de su padre, el rey don Sancho.
Guillermo ha subido la cuesta, arrastrando más que sirviendo de ayuda, con el borrico en el que transporta la comida de ese día. Tras dejar el animal atado en una argolla bajo la torre albarrana, entra por la puerta principal del castillo. Después de superar el zaguán y las entrepuertas, llega al primer claustro, espacioso y con un aljibe en el centro que recoge el agua de la lluvia. Desde el sobreclaustro, otro monje mira a Guillermo. En los ángulos, las puertas del palacio abacial y las casas de los canónigos chirrían al cerrarse.
Desde este claustro pasa a otro, más pequeño, con capillas dedicadas a La Visitación, San Lorenzo y San Martín. En esta última, habilitada para sala capitular, el abad observa con detalle unos centenarios privilegios concedidos por uno de los primeros reyes de Aragón. Allí descansan, también, sus antecesores en el cargo. En el cuarto ángulo, una puerta comunica con la capilla. Desde aquí, también, se accede por otra al refectorio de la comunidad. Guillermo llega a un tercer claustro que da a la puerta de las casas de los canónigos y la biblioteca.
Nuestro monje retrocede sobre sus pasos al segundo claustro y penetra en la iglesia. Entre la penumbra, con escasas ventanas y recios muros, unos monjes se afanan en decorar con frescos las paredes del templo. Bajo la iglesia, en la cripta, descansan los restos de Alfonso I. Guillermo se arrodilla frente al sarcófago y reza, como hace cada cuatro de junio, en memoria de los reyes aragoneses, sobre todo don Sancho Ramírez, que creó aquí un castillo que sirvió luego de base para el monasterio en el que sirve.

Castillo de Montearagón