Una borda en Serué

Borda en Serué
El 23 de enero parecía que iba a descargar una buena tormenta por el entorno de Monrepós. La cosa, al menos hasta las tres de la tarde, no pasó a más. Luego, según la información meteorológica de los medios, hemos conocido que sí, que la nieve ha invadido el Pirineo. Pero en esa mañana de invierno, en Serué, localidad del municipio de Caldearenas, se estaba de maravilla, aunque las nubes grises no auguraran nada bueno. Imágenes como la de esta borda en un extremo del puebo, relajaban bastante. Me parece.

Un herbario barbastrense del XIX que acabó en Francia


Torre de la catedral de Barbastro

Esto del traslado de los bienes no lo inventaron los obispos de Lérida con las obras de la zona oriental altoaragonesa. Se venía haciendo con distintos objetos interesantes desde mucho antes. Incluso pagando -aunque fuera poco-, como sucedió con un herbario barbastrense del siglo XIX.
Pancracio Lafita era un erudito sacerdote que dirigió La Atalaya, el primer periódico que se publicó en Barbastro en 1843. Años más tarde aparece su firma en La Esposición de Sobrarbe, publicado también en la ciudad del Vero. En el ejemplar del 23 de septiembre de 1857, se hace eco de un herbario que había elaborado el también sacerdote Manuel Burrel. Era, según relata Lafita, “un herbario, o colección de yerbas secas, que en libros y empapeladas conservaba mi predecesor en las Vicarías de esta Ciudad”. Burrel estudiaba las propiedades de las plantas y, especialmente, las del entorno de Barbastro. Cuando falleció, “un francés amigo, que desde su residencia le mandaba las publicaciones mejores que se veían en su patria vino ex-profeso y por una relativa módica cantidad, se llevó los libros que contenían preciosidades botánicas”.
Pancracio Lafita mantuvo relación epistolar con el boticario aragonés José Pardo Sastrón y en una de sus misivas, fechada en 1873, la cuenta la peripecia del herbario de Burrel. Así consta en el artículo “La correspondencia de José Pardo Sastrón en el Jardín Botánico de Valencia, II”, de José María de Lorén, publicado en Flora Montiberica (1996).

Hoguera y patatas asadas para San Vicente

Hoguera de San Vicente 2014
Llegó San Vicente. Hoguera en la plaza de mosen Demetrio Segura con mucha gente, patatas asadas, un trago de vino, la ronda al santo junto al monumento en la costanilla de Lastanosa, gente por la calle, menos frío que el día anterior... Buena víspera para el dia del copatrón de Huesca. Mañana, se supone, habrá fura generalizada del que pueda en dirección a la montaña o a Zaragoza, según. Otro rito tan anclado como la hoguera o las patatas. Me parece.

Badaín, en un entorno espectacular

La parroquial de Badaín a la derecha y, al fondo, Castillo Mayor y Sestrales
Badaín es una pequeña localidad situada enfrente de Lafortunada, en la confluencia del Irués y el Cinca, en Sobrarbe. Del conjunto destaca la parroquial, un edificio muy interesante por lo que se ve y por lo que cuentan los estudiosos que fue. Todo esto en un paisaje espectacular.

Docentes en la prensa oscense del siglo XIX

Colegio Mayor de San Bernardo, primera sede de la Escuela Normal de Maestros en Huesca. Fototeca de la Diputación Provincial de Huesca

Huesca no contaba en el siglo XIX con periodistas que obtuvieran su salario exclusivamente de su trabajo en la prensa. Las páginas de las publicaciones se llenaban con los textos de personas con inquietudes literarias o políticas que las usaban para divulgar sus trabajos o sus ideas.
La profesión de periodista en aquella centuria era algo considerado como labor complementaria de otros trabajos porque solía estar mal retribuida. Servía, no obstante, para medrar en los comités de las formaciones políticas, en el mundo literario o para acabar ejerciendo una profesión liberal, tras pasar por la Universidad. Había en las redacciones funcionarios, abogados, presbíteros, médicos, políticos y farmacéuticos.
En Huesca abundaban los profesores de distintos niveles: maestros, profesores del Instituto o de las Escuelas Normales. Estas colaboraciones se dividieron entre la prensa generalista, marcadamente política, o la profesional, dirigida a los docentes de la provincia.
Los mismos que escribían en los diarios eran los que frecuentaban los foros culturales de la ciudad. “El claustro de profesores del Instituto y de la Escuela de Magisterio intentan aupar las letras locales a un lugar más digno”, relata Juan Carlos Ara Torralba. Personas con inquietudes literarias y que hacen sus pinitos en la prensa oscense del XIX están detrás del Ateneo, el Casino Sertoriano, el Casino Democrático Progresista o el Círculo Católico de Obreros.
El diario oscense La Crónica, en su ejemplar del 7 marzo 1889, incluye una lista de periodistas oscenses, para matizar otro listado que en la jornada anterior había publicado el periódico zaragozano La Derecha. Gregorio Gota, en 1891, publicó “Huesca, apuntes para su historia” que incluía un completo listado de cabeceras y periodistas oscenses. En 1930, Ricardo del Arco hizo lo propio en El Diario de Huesca. Como quiera que ignoró el trabajo de Gota, éste protagonizó con el cronista local una polémica, lo que supuso conocer más y mejor la historia de la comunicación escrita en la ciudad. Del Arco utilizó estos materiales para su trabajo en Argensola sobre la Historia de la prensa oscense, publicado en 1952.
En todos estos trabajos aparece una buena nómina de profesores oscenses o ejercientes en Huesca que, aparte de la Enseñanza, se dedicaban a labores periodísticas. Estos son algunos de ellos: