Nubes lenticulares en el cielo oscense

Atardecer sobre Huesca
La explosión pedagógica de los hombres del tiempo televisivos nos permite al común de los mortales utilizar términos antes desconocidos para la mayoría. Así esas curiosas nibes con forma de algodón de feria son nubes lenticuares. Es cierto, a veces parecen una lente. Hoy, sobre Huesca a última hora, la cosa estaba como reflejan estas imágenes.


Nube lenticular o ¿nave espacial?

Vuelven las grullas

Grullas sobre Huesca el 28 de febrero
Ya hace unas semanas que hay un sonido que añadir a los habituales en Huesca. Es el de las grullas, en su viaje migratorio. Descansan en el «albergue» del embalse de la Sotonera, antes de seguir su trayecto en dirección al norte de Europa. Su tradicional vuelo en «V» se ve dificultado estos días por el fuerte viento que sopla en el valledel Ebro. Ganan altura y recuperan la formación, pero se alejan del objetivo. Habrá que estar más atento a la pórxima bandada. Supongo.

Paisaje desde Olsón

La Peña Montañesa y Castillo Mayor desde Olsón
Olsón es una población de Sobrarbe que hay que visitar despacio, porque tiene muchos elementos de interés, aparte de su espectacular parroquial. El paisaje, para completar el panorama, no le va a la zaga. Esta foto es del jueves, día 26, a mediodía.

La fuente de La Pardina

Fuente de La Pardina
Cuando en una pequeña población ves un tubo negro que desciende a un cercano barranco, hay que seguirlo porque es fácil que forme parte del suministro de agua a la localidad. Si antes se iba a buscar el agua a la fuente, ahora llega por esa conducción. Pero el caso es que manantial es el mismo, por lo que es fácil que encuentres la antigua fuente. Esto pasa en La Pardina, en Sobrarbe, donde te llevas esta agradable sorpresa.
Aquí van también algunos detalles de este conjunto de fuente, lavadero y abrevadero.

La fuente

Lavadero con dos dos losas de piedra para frotar la ropa

Elementos ornamentales: rostro y leyenda: 1923


Escuaín, de 1986 a 2014


Viviendas de Escuaín en 1986 y 2014
La primera vez que estuve en Escuaín fue en septiembre de 1986. La pista de acceso era de tierra y a mitad camino dejé el coche en la cuneta porque apreciaba mucho a mi 205 y seguí andando. El pueblo no apareció hasta poco antes de llegar. Estaba casi deshabitado y la actividad se centraba en el deporte de aventura por las garganta que llevan el nombre de esta población, tajada por el río Yaga.
La iglesia, casi sin cubierta pero todavía visitable, era el primer edificio que recibía al visitante. Enfrente, el obligado conjunto de fuente, abrevadero y lavadero. Desde aquí partían dos calles en torno a las que se alineaban las viviendas. La huella de la despoblación hacía mella en sus estructuras. Era difícil entender para qué se había establecido aquí una comunidad humana. Está en un lugar escondido, con la mole del Castillo Mayor haciendo sombra casi todo el día, junto a unos pronunciados barrancos que, curiosamente, eran el elemento que le podía dar una segunda existencia.