Montearagón antes de 1844

Monasterio de Montearagón (Seminario pintorestos español, 3 marzo 1844)
Navegar por Internet pemite acceder a publicaciones antiguas, algo casi imposible de hacer en su edición en papel. Así podemos ver el castillo de Montearagón así de «entero» antes de 1844, en una publicación denominada Seminario Pintoresco Español. El fuego y la desidia hicieron que en poco tiempo, tras la desamortización, pasara a ser una ruina más. Parecer ser que así era antes de todo aquello.
El ejemplar del periódico madrileño «El siglo futuro» correspondiente al 20 de junio de 1883 incluía un listado de monumentos de la provincia que habían sido expoliados o mal conservados, que titulaba «El vandalismo liberal». Entre ellos estaba el castillo de Montearagón.  Decía así:
«A la vez monasterio de Canónigos regulares de San Agustín, regio alcázar y fortaleza: sus ciclópeos muros fueron levantados por el rey Sancho Ramírez en 1094, antes de poner cerco a esta ciudad y libertarla del yugo de la morisma, sobre un montecillo distante una legua, y que domina la hoya de Huesca y gran parte de la comarca del Somontano. A pesar de que no hacemos más que un simple inventario de ruinas, tenemos que violentarnos mucho para contener nuestra pluma, que bien quisiera consignar algo siquiera de las muchas glorias y grandezas de todas clases que hicieron, por espacio de ocho siglos, imperecedera la memoria de la célebre abadía aragonesa. Muy distinta y muy ingrata es hoy nuestra tarea. Lo que nos toca hacer constar es que los feroces desamortizadores, no encontrando, ni aun en su propias inicuas leyes, recurso alguno para sacar a pública subasta el insigne monumento, por ser parroquia y palacio abacial con Prelado terre nullius, lo englobaron en el expediente de enajenación del monte como simple pajar y alquería, y a vil precio lo vendieron.
Que los codiciosos compradores no lograron el fruto de su destrucción, porque llevada a cabo para el aprovechamiento de materiales, estos fueron pasto de un voraz incendio, cuyas causas se desconocen. Que nunca llorará bastante la ciudad de Huesca el no haber tratado de impedir más que con estériles lamentaciones, aquel crimen perpetrado contra los timbres que más deben estimar los pueblos cultos en los días nefastos del año 1843».
Mi hermano Fernando me hizo llegar la imagen de una obra de Valentín Carderera que parece el origen del grabado que hay al comienzo de esta entrada. El cuadro, además, es el que figura en la portada del libro del oscense José María Lanzarote sobre Valentín Carderera.

Montearagón en la portada del libro sobre Valentín Carderera


Huesca, la ciudad expectante


Se nos cae el cielo encima

Huesca na ha sido nunca una ciudad industrial en el sentido de grandes factorías, chimeneas humeantes, grande naves y filas interminables de operarios acudiendo al trabajo. Pero ha tenido empresas, sobre todo relacionadas con el sector del metal, en las que se producían manufacturas de gran calidad. El final del siglo pasado supuso la práctica desaparición de las más importantes. 
La ciudad mantuvo su carácter de capital administrativa, aunque el proceso autonómico hacía que su peso específico cayera. Se apostó por las nuevas tecnologías con un parque tecnológico y por la universidad como motor económico y social. Pero la sangría de pérdida de puestos de trabajo continuaba y la crisis en la que estamos inmersos tampoco ha ayudado mucho. 
Ahora se habla de un cuartel que desaparece, que no deja de ser una empresa con un personal que activa la economía local, o unos estudios a los que les sale competencia en la vecina capital. Se comenta que una facultad del campus oscense puede perder la mitad del alumnado, siendo descrita –incluso- la repercusión económica negativa para la ciudad. Una facultad con la mitad de alumnos necesitaría menos personal y, como el caso del cuartel, no deja de ser una empresa con un personal que activa la economía local. 
Si acaso, que no se proponga diseñar en plan estratégico porque ya se elaboró uno hace tiempo y no sirvió para nada. Una de las apuestas era convertir a Huesca en ciudad agroindustrial, dada la gran producción agraria de su entorno. La construcción del canal de la Hoya podría incrementar esas producciones, pero dado el estado del embalse de Montearagón, con el deslizamiento que impide su llenado, prueba de carga y entrada en servicio, seguiremos expectantes. Como siempre.

Huesca y el motor universitario

Facultad de Empresa y Gestión Pública de Huesca. Al fondo,Guara
La sierra de Guara ha sido un valor natural de Huesca desde siempre. Más recientemente, el regreso de la Universidad a la ciudad supuso un elemento importante en la actividad social, económica y cultural de la ciudad. Ahora que vienen tiempos difíciles, los pocos polos de desarrollo que tenemos se deshacen ante el empuje de la rentabilidad económica y la falta de ordenación del territorio. ¿Qué hacemos mal para ir siempre en el furgón de cola?

Una elegante portada en Salillas

Portada del palacio del marqués de Montemuzo en Salillas

La provincia de Huesca guarda sorpresas en cualquier rincón. Sería extraño que visitáramos algún lugar altoaragonés y no encontráramos algún elemento interesante. En el caso de Salillas, uno de ellos es la portada del palacio del marqués de Montemuzo. Una elegante portada que sorprende cuando la ves por primera vez. 
El palacio del marqués de Montemuzo es un edificio de grandes dimensiones situado también en la Plaza, junto a la iglesia. Da la sensación de haber sido levantado donde antes hubo algún otro edificio. En la parte posterior conserva restos de una muralla que pertenecerían a esa primitiva construcción. Adolfo Castán, en su libro sobre castillos de la provincia, editado por Diario del Altoaragón en 2004, explica que esta muralla perteneció a un edificio propiedad de los Pomar, que él sitúa levantado en los siglos XV-XVI. Llama la atención medio cubo cilíndrico en el centro del lienzo y otro rectangular en una esquina.
En la fachada principal destaca su decorada portada, obra de influencias renacentistas y que no es habitual por estas tierras. El peso de la familia que ocupaba este solar se ve en la historia del pueblo, bien por la extensa finca de Armalé, que es de su propiedad, bien por el gran almacén que todavía existe en un extremo de la localidad, propiedad de los marqueses, o el mencionado palacio.
En el extremo contrario a este almacén, en la entrada al pueblo desde la carretera a Pertusa, se encuentra el pozo de nieve. Es otro elemento interesante en una visita a Salillas. La Asociación Cultural Chobenalla Zamandunga de Salillas editó un sencillo folleto en 2006 que está depositado en el interior del pozo, informando del mismo y sus características. Del conjunto, situado en el interior de un altozano, destaca la bóveda, con un arco de ladrillo que recorre el lado más largo de la estructura y sobre el que descansan otros seis, de piedra y mucho más cortos. No obstante, merece una visita. Se entra por la parte inferior de la obra.
La llave se guarda en el pueblo.

Interior del pozo de nieve en Salillas

El Cristo yacente y la Semana Santa oscense


Adoración al Cristo yacente (años 80)
Se acerca la Semana Santa y regresan los ritos y tradiciones. El paso ante el Cristo yacente, delante del altar mayor de la parroquia de Santo Domingo y custodiado por los romanos, es una de las imágenes más clásicas de estas fechas en Huesca. Es el preludio de la procesión del Viernes Santo. Los romanos han bajado desde la Catedral al la parroquia de Santo Dominmgo y San Martín. Comienza la adoración a la imagen, mientra se ultiman los preparativos de la exposición. 
La Archicofradía de la Vera Cruz adquirió en 1960 una talla del Cristo yacente para sustituir al existente en ese momento. Éste era un trabajo de Celestino Vila, quien talló cabeza y pies, cubriendo el resto del cuerpo con un manto de la Orden del Santo Sepulcro. La talla que ahora figura en la procesión del Viernes Santo y se venera en la Iglesia Parroquial de Santo Domingo y San Martín ese mismo día, es un trabajo de la escuela de José Capuz, autor de la imagen original. Cuando se compró, fue expuesta en los salones de la Diputación Provincial, en el antiguo edificio de los Porches de Galicia. Junto a la talla recien comprada, se colocaron figuras cubiertas con túnicas representativas de las diferentes cofradías. La sala donde se expuso fue muy visitada y el resultado de la escultura muy comentado. 
José Capuz Mansano nació en Valencia en 1884 y falleció en 1969. Este renombrado escultor expuso en Barcelona, Buenos Aires o Londres. Fue profesor de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Sus trabajos figuran en diversos museos y grandes edificios de España y otros países europeos. Capuz fue coetáneo de escultores como Victorio Macho o José Clará. 
Según escribió Félix Ferrer en la Nueva España del 3 de abril de 1960, la talla sigue la línea clásica de la imaginería. Presenta un Cristo sereno, con un minucioso estudio anatómico. El trabajo presenta una unidad de composición, permitiendo ver al espectador el tránsito espiritual del yacente e invitando a la meditación. Eduardo del Pino es el autor material de la estatua que tenemos en Huesca.  Pensionado para estudiar arte en Europa era en 1960 profesor de la Escuela de Artes y Oficios del Ministerio de Educación. 
El Cristro yacente desfila sobre una cama tallada por Cristóbal Mendoza en 1865 y restaurada en 1951. Con él, concluye la procesión del Viernes Santo. Tras varias horas de desfilar por las calles de la ciudad, su imagen serena se guarda hasta la próxima Semana Santa oscense.