Observado en el Mesón de Puértolas

Los pequeños gatos observaron en silencio las evoluciones del turista
El mesón de Puértolas es un edificio situado junto a la carretera A-138 de Barbastro a Francia por Aínsa y Bielsa. Está un poco ante de llegar a Hospital de Tella si vamos camino del vecino país galo. Lo que no sabía al visitarlo era que tenía unos discretos observadores que no perdían detalle. Cuando los vi y les hice la foto, al escuchar el click, se evaporaron. Pasrecían atentos y tensos. Eso creo. No les convencía el humano de la máquina y el bastón.

Bodegón en el olvido (Torre Baró)

Alguier, queriendo o por casualidad, dejó este «bodegón» improvisado en el patio de una casa
Torre Baró es una población deshabitada de la comarca de la Ribagorza. Se llega tomando un desvío señalizado en la carretera N-230, entre Viacamp y Puente de Montañana. La existencia de abastecimiento de energía eléctrica habla de un abandono de las viviendas posterior al de otras de localidades cercanas, centrado sobre todo en las décadas de los 50-60 del siglo pasado. El silencio, no obstante, es ahora el mismo en todas ellas. 
Ya no sale humo del horno de pan donde se abastecían de un alimento básico los habitantes de esta aldea. Como tampoco gira el molino que sacaba el jugo de las olivas para obtener el aceite, otro alimento casi tan imprescindible como el pan. El tiempo se ha detenido en Torre Baró como en otros tantos lugares del norte de la provincia. Algunos aperos y útiles domésticos que permanecen entre sus paredes permitieron a algún visitante puntual componer improvisados bodegones de cerámica y metal. La aventadora no gira, las cestas de mimbre no se llenan de nada y tras las ventanas nadie mira la llegada de un turista accidental. Las zarzas, en lento e imparable trabajo ocupan progresivamente las casas tras hundirse los tejados que las protegían. Polvo, olvido y desolación ocultan cientos de años de recuerdos y vivencias. 
En Torre Baró todavía permanece en pie su parroquial y el resto de viviendas mantienen un inestable desequilibrio -decir equilibrio sería demasiado- que permite pensar en un rápido amontonamiento de escombros. Aún así guarda alguna sorpresa.

Cuando el expreso de Barcelona a Madrid pasó junto a Huesca


Línea de Huesca a Ayerbe a la altura de Esquedas
Como sucede a menudo, buscando un dato se encuentra otro que no tiene nada que ver con lo que se intentaba encontrar, pero que es interesante en así. Agosto de 1949. En torno al día 25 cayó una tormenta impresionante sobre la Galliguera. Mientras en el diario local Nueva España se destacaba la visita del gobernador a la zona afectada, en La Vanguardia conocíamos un hecho curioso. Según se explicaba en la noticia, el tren expreso que iba de Barcelona a Madrid no pudo pasar por la línea entre Almudévar y Zuera por «desperfectos en la vía férrea». Llegó a Zaragoza «con siete horas de retraso» porque tuvo que circular por la vía Tardienta-Huesca. Cabe pensar que subiría hasta Turuñana y luego bajaría por este ramal para llegar en Zuera a la línea general. Curiosamente, por un día, un tren de esa categoría pasó por Huesca, aunque no entrara en la estación lógicamente, y realizó un trayecto poco habitual: ir de la capital oscense a Zuera por Turuñana y Gurrea. Este es el párrafo de la noticia, que habla de tormentas en el valle del Gállego, publicado en La Vanguardia el 28 de agosto de 1949: «También se registran tormentas y lluvias en la provincia de Zaragoza. La intensa lluvia caída sobre Zuera y Almudévar causó desperfectos en la vía férrea, y el expreso Barcelona-Madrid llegó a Zaragoza con siete horas de retraso, porque tuvo que circular por Tardienta-Huesca». Esto se desprende del texto. Me parece.

Un domingo oscense de verano en 1933

«Calor, danzantes y tómbolas». Asó tiitulaba El Diario de Huesca un breve comentario que incluía en la primera página de su edición del 1 de agosto de 1933. De lo leído se desprende que básicamente, nuestros mayores hacían algo parecido a lo que hacemos nosotros actualmente, aunque haya elementos diferentes: «los veladores, atestados, y las calles y el campo». En casa no quedaba nadie porque era donde más calor hacía. 
El sábado hubo verbena en la piscina y «ni una silla sin ocupar», se escribe en el diario. «Es una verbena que ha arraigado de lleno». El Parque albergón un concierto de la Banda, que en aquelllos años era la militar. Hubo una tómbola y los danzantes ensayaron «como si no se enterasen del tiempo que hace, a juzgar por su actividad, entusiamos y resistencia para ensayar». Estábamos cerca de San Lorenzo.
¿Y el tiempo?: «al calor no le hacen falta más aspavientos ni nuevos adjetivos». El viernes y el sabado habían sido días muy calurosos y el domingo, fecha de redacción de la nota, siguió la tendencia.