Cuando un viaje entre Zaragoza y Ayerbe duraba ocho horas


Dibujo de una diligencia publicado en «Notice sur léxposition centennale des moyens de transport», París 1901
El Boletín Oficial de la Provincia de Huesca del 24 junio 1853 incluía en su última página un anuncio del servicio de diligencia de Zaragoza a Ayerbe y viceversa. Su lema era «celeridad, economía, comodidad.»
Anunciaba que, desde el día de junio, se había reanudado este servicio tras «la favorable acogida que el público, y particularmente los señores balistas, les dispensaron en el año anterior.» Se destacaba «lo ventajoso que es para los que desde Zaragoza se dirigen a la montaña y viceversa». Se establecían los viajes de costumbre en «coches de nueva construcción.»
La diligencia salía de Zaragoza a las cuatro de la mañana lunes, miércoles y viernes. Llegaría sobre las doce del mediodía a Ayerbe, desde donde saldría el servicio martes, jueves y sábado, con el mismo horario. El anuncio añadía que también se admitían asientos directamente para Jaca, baños de Panticosa, Tiermas y Urdox (Francia) a precios equitativos.»
Las tarifas eran 38 reales Berlina y 30 reales Interior, pudiendo llevar «una arroba de peso gratis; el exceso será proporcionado». La referencia era en Zaragoza la Plaza del Carmen y en Ayerbe, «los señores Coiduras».
¿Por dónde circularía esta diligencia? El diario madrileño La América, en su edición del 24 agosto 1862 informaba de que «para llegar al pueblo de Panticosa, cabeza de quiñón y punto de necesario tránsito a las aguas del mismo nombre, hay que atravesar desde Zaragoza, los pueblos de Villanueva, Zuera, Gurrea, Biscarrués, Murillo, La Peña, Anzánigo, Bernués, Jaca, Senegüé, Biescas y el Pueyo, o sea una extensión de unas 23 leguas... ...a dos horas de este pueblo se encuentra el famoso establecimiento de aguas medicinales que tan justa fama ha adquirido en España y aún en toda Europa.» Entre Biscarrués y Murillo está Ayerbe.

El olivo de Grustán

Olivo frente a la parroquial de Grustán
Este olivo es un privilegiado. Disfruta de unas excelentes vistas de la confluencia de los valles del Ésera y el Isábena en Graus. Está en Grustán, un pueblo deshabitado, frente a la parroquial. Pero aunque sea triste este silencio, me parece que compensa lo que ve desde tan privilegiada atalaya. También es un buen sitio para sentaser, descansar y comer un bocadillo, tras un paseo desde Graus, por la ermita de San Miguel y la ruta de los miradores. El reloj de sol de la torre de la parroquial marcaba la una. Para ver el panorama hay que subir desde Graus a Grustán. Vale la pena. Me parece.
Reloj de sol de Grustán