Morillo de Sampietro, o la lucha por dominar la montaña


Antonio Angulo publicó el 4 septiembre 1982 un artículo en El País, que titulaba: «Una aldea de Huesca, pionera en la utilización de energía solar y eólica». Comenzaba explicando que «las seis personas que viven en Morillo de Sampietro, una pequeña aldea situada en el Pirineo de la provincia de Huesca, han asistido durante el pasado mes de agosto a la mayor transformación que ha experimentado el pueblo en toda su historia. El día 6 llegó el primer vehículo al pueblo. El único medio, de transporte utilizado hasta entonces habían sido las caballerías. Cuatro días después, coincidiendo con la fiesta mayor, el 10 de agosto, los vecinos de Morillo, cuyas edades oscilan entre cincuenta y 81 años encendieron en sus casas, las primeras bombillas, que funcionan en base a la energía eléctrica producida por el sol y por el viento.» Era un proyecto de la Diputación Provincial de Huesca que buscaba sistemas alternativos para electrificar lugares a los que las líneas de las grandes eléctricas nunca iban a llegar.
El invento no impidió que la gente acabara marchando, aunque este lugar nunca quedó completamente deshabitado. Actualmente, un matrimonio vive todo el año y algunas familias lo hacen a temporadas en sus casas familiares. Hay otra parte del pueblo que, como en tantos lugares del Pirineo, ha caído arruinada.
Curiosamente, permanece en pie el aerogenerador que formaba parte de esa primera instalación eléctrica de Morillo. El vecino actual, escéptico en esta materia, me comenta que aquí no suele hacer mucho viento. Su abastecimiento actualmente, por lo que veo, es con placas solares.
Las nubes ocultan las grandes cimas del Pirineo



Impresiona el lugar donde se levantaron las casas de Morillo de Sampietro. Están en el único lugar donde hay un espacio mínimo para tal fin. Por todas partes, montañas, y en las laderas del monte en el que se construyeron sus viviendas, los habitantes de Morillo crearon terrazas para aprovechar al máximo un espacio de trabajo más bien reducido.
La iglesia parroquial de Morillo de Sampietro es románica, con reformas posteriores. Está dedicada a San Lorenzo. Según se apunta en el inventario del patrimonio aragonés, www.sipca.es, fue construida en el siglo XII. El ábside está «decorado con pinturas murales» realizadas «algún tiempo después de su construcción, quizá ya entrado el siglo XIII.» Tiempo después, en el XVI, según esta misma fuente, se levantaron la capilla y la torre. Más de uno descubrimos Morillo de Sampietro con las fotografías de Fernando Biarge. Llegó a fotografiar sus casas y rincones en perfecto estado, con sus habitantes metidos en las tareas propias de una cultura agropastoril anclada en el tiempo. Aparte de plasmarlo en sus imágenes, lo describió muy bien: «se aprecian de inmediato la amplitud de la vista, lo profundo de la panorámica, la originalidad del sitio, pero también lo reducido de sus posibilidades y las dificultades de movimiento.» Así lo recoge en su libro «Sobrarbe. Letra menuda» (2009).
El caso es que la gente emigró, la ruina llegó, como en otros lugares. Pero aquí no se perdió el aliento y ahora hay vida en Morillo, cosa que no sucede en muchos lugares de Sobrarbe. La pista fue arreglada hace poco tiempo y es posible llegar en coche. No obstante, puestos a conocer un lugar como este, no es lo mismo que subir andando desde Boltaña, Buerba, Ascaso o desde Puyarruego, según qué ruta llevemos. Así lo hicieron sus habitantes durante siglos y hasta hace relativamente poco tiempo porque la pista primera, por lo que he leído, era para según qué vehículos. Ahora, aunque nieve, dice el vecino de Morillo, baja a Boltaña con su Santana sin problemas.

Vivienda con su horno junto a la fachada

El paseo por este rincón de Sobrarbe permite ver las construcciones tradicionales en estas latitudes. Junto  a puertas, ventanas, tejados piedra, chimeneas cilíndricas, hornos, edificios auxiliares… hay en una vivienda arruinada un toque de marquetería en la cornisa que decora la fachada principal. Las casas de Morillo eran Balantín, Bernad, Buerba, Campo, Cuello, López, Martín, Roquero y Ventura.
Morillo de Sampietro es un lugar más que visitable, a recorrer despacio, pensando que la ruina a que se ven condenados tantos lugares del Pirineo tiene aquí una recuperación que detiene ese proceso. Te duele lo perdido pero te alegra el ruido del generador que da energía para obrar en un edificio. Es curioso que te alegre el ruido de un generador.

Vivienda y, al fondo, el ábside de la iglesia


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